Nuestra historia

La historia de Barbière arranca en Bélgica, donde Rubén, nuestro maestro cervecero, pasó dos años dejándose barba e investigando como biólogo. Pero no encontró la inspiración en los laboratorios, sino en sus paseos por bares, supermercados y abadías. Gracias a esas salidas, llegó a probar hasta 400 cervezas diferentes. En sus visitas a España, cargaba las maletas de botellas. Sin saberlo, había empezado a importar cultura cerveza. Pero cuando ya estaba definitivamente devuelta, barbudo y feliz,

                                                                                                                                         

las existencias empezaron a agotarse y, sin posibilidad de saborear aquí una buena cerveza belga, optó por la opción más radical: elaborarla él mismo.
Que a los amigos les gustara su cerveza, hasta puede esperarse. Pero recibir buenísimas críticas de catadores profesionales y expertos, da que pensar. Tanto que Rubén pasó del mimo de los primeros barriles y el cultivo de levaduras propias a convertirse en todo un cervecero nómada con una producción de Barbière a una escala considerable.

Cervezas hechas con pasión

Para explicar qué es una cerveza artesana nos podemos referir a los procesos elaboración o la calidad de los ingredientes, incluso al volumen de producción. En varios sitios se puede leer que una cerveza artesana se produce en un volumen menor que una cerveza industrial o comercial y que hay otros factores diferenciadores, como por ejemplo que las primeras no están pasteurizadas (son cervezas “vivas”, la levaduras siguen actuando) y no usan aditivos. Pero para nosotros la diferencia no está solo en el tamaño… Lo que define una cerveza artesana es que se trata de una cerveza diferente y compleja, que allí donde esté, aquel que la pruebe puede disfrutar de toda su historia, del objetivo por el que ha sido creada, y de todo el empeño que han puesto sus creadores. Nos encanta investigar, estar en contacto y hacer feliz a la gente.

                                                                                                                                         

Para nosotros hacer cerveza es una pasión, no un trabajo. Ponemos todo lo que tenemos dentro cuando hacemos y diseñamos una cerveza. Nuestro objetivo no es hacer una bebida refrescante y alcohólica sin más, buscamos algo mucho más complejo. Entendemos que cuando diseñamos una nueva receta, se trata de un proceso creativo. Siempre miramos hacia el pasado y buscamos inspiración en los cientos de personas y cientos de años que hay detrás de la milenaria historia de la cerveza. Hacemos una labor de investigación sobre el estilo que hemos seleccionado y posteriormente lo reinventamos con nuestro toque personal, siempre con el objetivo de obtener un producto diferenciado del resto y con una serie de matices (sabor, olor, etc.) que permitan disfrutarlo desde diferentes puntos de vista.